Columnas de Opinión

Alejandro F. Valenzuela Cortes Profesor

SALUDOS DE FIN DE AÑO

Las metas del Centro de Ex Alumnos del Liceo Eduardo de la Barra

Compañeros y compañeras, liceanos y liceanas.

Regularmente al final de alguna jornada se hace una suerte de balance. Hoy estamos culminando el año 2025 y en ese balance personal creo que la actividad más meritoria resultó ser esa jornada maravillosa de reencuentro,

Memoria y compromiso del día 5 de junio en el viejo Liceo, organizada por nuestro grupo Memoria. Una actividad llena de emoción donde un par de centenares de liceanos y liceanos dimos un testimonio de adhesión a los valores que nos entregó nuestra alma mater. Escucharnos la vieja campana que tocó por cada uno de nuestros mártires en la lucha contra la dictadura y también nos recordó nuestras propias jornadas liceanas. Gracias a todos los que hicieron posible ese sueño que se hizo realidad.

Han quedado como testimonio esas tres placas en el Liceo que hoy son vistas y reconocidas por las nuevas generaciones que pasan por sus aulas.

Es muy posible que la campana nos llame a nuevas jornadas y estoy seguro que allí estaremos, viejos, canosos, con dificultades para caminar, tal vez no escuchando, bien, pero con nuestros valores y principios intactos respondiendo a esa llamada.

FELIZ 2026…esperando el toque de campaña.

31 DE DICIEMBRE de 2025

Alejandro F. Valenzuela Corte / Presidente del Centro de Ex Alumnos del Liceo Eduardo de la Barra



CARLOS SMITHS

EGRESADO - 1970

Me veo, aún me veo, quebrado como un ladrillo, mi cuerpo fuerte y atemorizado, se estremece, tendido sobre el piso de cemento de una escuela pública del plan; escuchaba los latidos de mi corazón, igual que los quejidos de los barcos en la niebla; tumbado, de bruces, respirando el polvo de la cancha, susurraba canciones en mi mente. Me habían llevado allí a las cinco y media de la mañana de ese día invernal, martes, para mí el primer día, aunque el día era otro, pero que seguiría siendo el primer día el resto de mi existencia.

Recuerdo, todavía recuerdo, a él le avisaron, en la madrugada, que a los buques les habían soldado alas y que se dirigían a Santiago como peces voladores, el camino se llenó de mensajes azules que regresaron cifrados, verdes y zarcos, sin duda, se trataba de la mantención del linaje nacional, y él partió hacia su oficina, para detener el mar que intentaba bajar hacia arriba, oculto en una niebla de pensamientos insondables.

                Era once de julio de mil novecientos setenta y uno, celebramos, las sirenas de los barcos se escuchaban alegres en toda la extensión de la ciudad, hacía frío, las calles, la plaza, enriquecida con la luminosidad de los ojos tímidos, con una muchedumbre que celebraba en las calles el advenimiento del cobre a nuestro jardín.

              Acomodó el micrófono sobre el escritorio y habló a las plazas, a los trabajadores, a los habitantes, de norte a sur, de la cordillera hasta los roqueríos del litoral. Días después, Teresa Silva, con su corazón deshecho a jirones, encontró la mitad de sus anteojos, con un vidrio, que construía un cuarto de luna, perforado por la soledad.

                                 


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